Hace algunos días, antes de viajar a Ecuador, el técnico de la selección peruana, Sergio Markarián, afirmó con cierta exageración que “Perú tenía una cultura del fútbol en altura” porque muchos de sus equipos de clubes del llano jugaban cotejos de su torneo local en sitios muy altos. Los peruanos trabajaron en Arequipa, fueron a Quito (2.800 metros de altitud) y perdieron.
Este nuevo triunfo ecuatoriano en el estadio Atahualpa de su capital renovó los comentarios sobre el provecho que el fútbol de esa nación obtiene al jugar como local en ese sitio.
Y todo eso puede llevar, aunque es muy riesgoso, a hacer una comparación entre lo que ocurre en Quito y lo que sucede en La Paz. Cabe reconocer, como punto de partida, que hay ciertas diferencias entre las selecciones de ambos países. Y que Ecuador ha cimentado algunos de sus éxitos con buenos resultados en el exterior.






































